Todo indica que nos encontramos en la fase inicial de un período de
reactivación, de vacas gordas en palabras de la autoridad. Se trata, eso sí, de una reactivación moderada. Genuina, pero moderada.
Estaríamos pasando de un 5,8% de crecimiento en 2004 a alrededor de un 6% en 2005 y 2006, según el Banco Central.
Nada mal. Como antes de 1998. Pero entonces la crisis asiática nos arrebató dolorosamente el título de jaguares que comenzábamos a ostentar.
¿Mal presagio para las planas gerenciales? No necesariamente.
Lo importante es que en este tiempo aprendimos que lo importante no es ser jaguares. Aprendimos que la competitividad de las empresas depende mucho más de la eficiente operación de un modelo de negocios bien concebido que de los jaguares al interior de ellas. Los ejecutivos han llegado casi a sentirse un commodity. Los altos ejecutivos también.
Ello ha ido transformando la naturaleza del vínculo del ejecutivo con su empresa centrándolo en resultados más que en lealtad. De cierta forma los ejecutivos empiezan a buscar más bien trabajo que empleo y a sentirse empresarios de su propia trayectoria profesional que buscar hacer carrera como se deseaba hasta ayer.
Esta nueva situación exige a los ejecutivos capacidad de emprender,
autonomía, adaptación, trabajo en equipo y resultados de verdad. Sin
excusas. Así como a un equipo de fútbol se le pide hacer goles y encajar los menos posible y no sólo jugar bien. Se acabaron los lujos sin gol.
Si esto es así, ¿cómo debieran prepararse los ejecutivos para enfrentar esta nueva situación?
En primer lugar, asumiendo que decir "hola a las vacas gordas" no es decir adiós a las vacas flacas para siempre. Éstas también regresarán debido a los altibajos en la historia social y económica de las naciones o ciclos de los que hablan los economistas.
En segundo lugar, aprovechar al máximo la bonanza mientras dure. Y aprovecharla bien. ¿Cómo? ¿Cuáles son los desafíos para nuestros ejecutivos?
En Chile los profesionales tienen muchas fortalezas. Señalemos las tres que impresionan en el exterior. Tenemos ganas de progresar y energías para hacerlo con entusiasmo. Tenemos sólida formación académica. Tenemos valores y principios éticos que se respetan en lo esencial.
Es sobre la base de estas fortalezas que debemos apoyarnos para mejorar nuestro método de trabajo. Señalemos las seis fragilidades que parecieran pesarnos más y sus remedios.