LA TERCERA

Esperando a las Vacas Gordas

Alvaro Larraín Garcés*

Martes 14 de febrero de 2005

Todo indica que nos encontramos en la fase inicial de un período de
reactivación, de vacas gordas en palabras de la autoridad. Se trata, eso sí, de una reactivación moderada. Genuina, pero moderada.

Estaríamos pasando de un 5,8% de crecimiento en 2004 a alrededor de un 6% en 2005 y 2006, según el Banco Central.

Nada mal. Como antes de 1998. Pero entonces la crisis asiática nos arrebató dolorosamente el título de jaguares que comenzábamos a ostentar.

¿Mal presagio para las planas gerenciales? No necesariamente. Lo importante es que en este tiempo aprendimos que lo importante no es ser jaguares. Aprendimos que la competitividad de las empresas depende mucho más de la eficiente operación de un modelo de negocios bien concebido que de los jaguares al interior de ellas. Los ejecutivos han llegado casi a sentirse un commodity. Los altos ejecutivos también.

Ello ha ido transformando la naturaleza del vínculo del ejecutivo con su empresa centrándolo en resultados más que en lealtad. De cierta forma los ejecutivos empiezan a buscar más bien trabajo que empleo  y a sentirse empresarios de su propia trayectoria profesional que buscar hacer carrera como se deseaba hasta ayer.

Esta nueva situación exige a los ejecutivos capacidad de emprender,
autonomía, adaptación, trabajo en equipo y resultados de verdad. Sin
excusas. Así como a un equipo de fútbol se le  pide hacer goles y encajar los menos posible y no sólo jugar bien. Se acabaron los lujos sin gol.

Si esto es así, ¿cómo debieran prepararse los ejecutivos para enfrentar esta nueva situación?

En primer lugar, asumiendo que decir "hola a las vacas gordas" no es decir adiós a las vacas flacas para siempre. Éstas también regresarán debido a los altibajos en la historia social y económica de las naciones o ciclos de los que hablan los economistas.

En segundo lugar, aprovechar al máximo la bonanza mientras dure. Y aprovecharla bien. ¿Cómo? ¿Cuáles son los desafíos para nuestros ejecutivos?

En Chile los profesionales tienen muchas fortalezas. Señalemos las tres que impresionan en el exterior. Tenemos ganas de progresar y energías para hacerlo con entusiasmo. Tenemos sólida formación académica. Tenemos valores y principios éticos que se respetan en lo esencial.

Es sobre la base de estas fortalezas que debemos apoyarnos para mejorar nuestro método de trabajo. Señalemos las seis fragilidades que parecieran pesarnos más y sus remedios.

 

Primera. No siempre tenemos plenamente identificadas e internalizadas nuestras prioridades estratégicas, a todo nivel. Para concentrar los esfuerzos en lo esencial y no distraer energías que aporten menos o nada en realidad.

La solución es simple: informarse respecto de hacia dónde vamos, de lo que se espera de mí y, si no está claro, pedirlo al jefe. El jefe debiera saberlo. Si no lo sabe, no debiera ser jefe.

Segunda. Aplazamos con frecuencia la toma de decisiones. ¿Por qué? Nos cuesta tomar decisiones. Y sin embargo la indecisión en ocasiones es más negativa que la precipitación. Tomar una decisión es resolver un problema. Desde luego resulta difícil resolverlo con precipitación. Remedio: trabajar con método y sin tanto miedo a decidir, en eso consiste asumir riesgos calculados.

Tercera. A menudo nos desanimamos ante objetivos esquivos y tendemos a cambiarlos. Así no funcionan las cosas. Hay que cambiar los objetivos cuando el contexto externo o interno cambió. Respuesta: perseverancia y sobria obstinación.

Cuarta. Somos amigos del compadreo, nos da un poco de miedo en ocasiones ser transparentes y formales en nuestras relaciones profesionales. Nos gusta felicitar y no nos gusta sancionar. Y resulta que le vida es así. De dulce y agraz. Hay que aprender a trabajar en equipo y para eso la verdad es condición sine qua non.

Quinta. No nos sentimos permanentemente responsables de informar, animar y apoyar a nuestro equipo. Ser jefe es motivar y ayudar. Ayudar es trabajar en equipo. Y sin trabajo en equipo los resultados son pobres en general. Lo muestra la experiencia. Un equipo es muchísimo más que una constelación de individualidades geniales.

Sexta. Sin olvidar hablar bien español, tenemos que hablar en inglés. ¿Cómo hablarles a nuestros socios de los TLC si no hablamos inglés? Nos guste o no, es el idioma que se dio la comunidad de negocios internacional. Asumir este hecho es ser profesional.

Estos son nuestros grandes desafíos para recibir a las vacas gordas en propiedad. Tenemos que asumirlos, porque no hay elección. Tenemos que hacerlo, porque esperar a las vacas gordas es también esperar a las vacas flacas que llegarán después.

* Director Dynamisa consultores.