La partida. Entrando a la sala de ventas saludo a mis colegas con una sonrisa, verifico que todo está en orden en el show-room, si hay novedades, la afluencia de clientes, etc. En una palabra, tomo control de la situación.
El radar. Puedo conversar con mis colegas pero mi mirada es un radar girando en 360 grados sin cesar, atento a la persona que levante la vista y requiera de mi atención, o desde luego, al cliente que entra buscando un vendedor.
Cliente feliz. El arte de la venta no es sólo transformar un visitante en un comprador, es conseguir que el cliente regrese. Para ello debe marcharse feliz y ésa es la responsabilidad primaria del vendedor. Y el cliente regresa mucho más probablemente si se marcha feliz.
Cierre de ventas. La venta no termina con el pago. La venta termina acompañando al cliente hacia la salida, reiterando que ha hecho una buena adquisición, haciéndolo sentirse bien. Hay que sonreírle e indicarle que se espera verlo pronto de regreso.
Desde luego, hay muchas particularidades que integrar a este sencillo modelo: la naturaleza del producto y la comuna del local, el sector socioeconómico, género y edad del cliente y otras más. Una sola constante y que no se debe cambiar: que el cliente se marche feliz.