Ser eficiente es producir más con menos, en menos plazo y con mayor calidad que el competidor. Resulta simple decirlo y desde luego algo más duro alcanzarlo.
La principal dificultad es que la alta dirección está sumida en la vorágine del día a día y con la convicción de estar haciendo mucho por la empresa, sin detenerse a examinar si lo que se hace se está realizando eficientemente.
Pareciera suceder con las grandes compañías del retail . Éstas, junto con haber conseguido tamaños adecuados, han organizado sus modos de funcionamiento centrándose en el servicio al cliente, en la calidad de los productos y en precios competitivos.
Además, han integrado prestaciones financieras altamente atractivas y rentables. Incluso es auténtica preocupación el manejo de los recursos humanos, la posición relativa en el mercado y crecientemente la internacionalización.
No obstante un elemento que está menos presente es la inquietud por la calidad de los procesos. No se observan dirigentes pensando en mejorar los procesos como una forma de ganar en productividad por mayor eficiencia y como consecuencia mejorar en competitividad.
Existen técnicas algo sofisticadas y bastante conocidas como el 6 Sigma, que tanto ensalza General Electric o el Justo a Tiempo característico de negocios industriales o que requieren altos niveles de stock o variados inventarios.
Son técnicas complejas de introducir, caras debido al know how requerido y que exigen cambios profundos en la cultura de la organización. Se dan ejemplos de casos exitosos aunque no abundan en nuestro país ni menos, que se sepa, en el sector del retail .
Existen otras técnicas más aterrizadas, con menos conceptualización y más sencillas de implantar. Una de ellas es la mejora de procesos por los mismos empleados. ¿Cómo funcionan estas técnicas?