LA
TERCERA,
USTED
S.A.
Consejos para poner fin a los
encuentros eternos
Esas
interminables reuniones de trabajo
Domingo 26 de junio de 2004
Alejandro Becker |
Con
la vista perdida en un papel en blanco esperando el turno para exponer
sus ideas, dibujando garabatos, letras o bigotes. Buscando de reojo
el reloj de un compañero o imaginando la carta de su restaurante
favorito, las peroratas de los participantes siguen de una a una, mientras
lo único que usted quiere es que todo acabe pronto, de una vez.
Expertos laborales enseñan a convertir ese deseo en realidad.
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Es
como una definición a penales. Existen reuniones de trabajo que
uno nunca sabe cómo y cuándo terminarán, aunque
se hayan preparado durante los días u horas previos a la junta.Mientras
el evento se alarga hay quienes ceden ante la presión de hablar
en público fallando en su exposición; otros tienen rituales
cabalísticos como morder un lápiz, alejarse de la mesa
al momento de hablar o empezar su planteamientos con ciertas muletillas.
Incluso hay quienes optan por el silencio y el tranquilo anonimato con
la secreta ilusión de terminar rápidamente con el cacho.Sin
embargo, una reunión de trabajo es una inversión de capital
humano, energía y tiempo para conseguir un objetivo específico,
y como dictan las reglas del sistema, hay que ser un tanto egoísta
con estos recursos para maximizar sus beneficios.En las reuniones hay
dos tipos de actores: organizadores y participantes. Ambos deben cumplir
funciones antes, durante y después de las juntas. Los organizadores
deben aclarar los contenidos previos a la reunión y asegurarse
de que todos los participantes entiendan el objetivo. "Los participantes
deben llegar preparados a la reunión, al menos informados sobre
el tema a tratar. Durante la junta, la regla de oro para ellos es procurar
en todo momento ser un aporte y evitar constituirse en meros escuchas.
Posteriormente deben realizar lo que se les ha encomendado", aclara
Alvaro Larraín, director de Dynamisa Consultores.Para el ejecutivo,
ambos actores deben enfrentar las reuniones dejando de lado aspectos
emocionales que pudieran distraer, tales como largos y bonitos discursos
que resulten poco prácticos. Deben, además, comportarse
lo más objetivamente posible y ser en todo momento muy profesionales."Las
juntas serán más entretenidas y dinámicas si son
centradas: no se discuten problemas personales, nadie se va por las
ramas y todos participan. El organizador debe dar cabida a todas las
opiniones, evitar los monólogos y exigir que los temas sean presentados
de forma clara y atractiva", recomienda Larraín.
¿Para
qué junta al equipo?
Tener
objetivos claros permite acortar el tiempo de las reuniones, evitar
bostezos u hojas llenas de garabatos. De acuerdo al director de Dynamisa,
Alvaro Larraín, existen tres tipos de encuentros definidos
y su correcta aplicación permiten reducir considerablemente
los tiempos invertidos.
La
más simple es la reunión informativa, que es
clara, corta y concreta: el organizador informa al equipo sobre una
situación, acepta preguntas y concluye. Se pueden realizar
todos los días es muy útil para direccionar el avance
de la empresa y aunar los esfuerzos de trabajo.
La
reunión de reflexión, trabajo o brainstorm
implica descubrir una solución a un problema y encaminar la
conclusión en ese sentido. Tienden a ser más largas
y agotadoras. Por eso, de acuerdo con expertos, este tipo de reuniones
deben producirse, como mucho, una vez a la semana.
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Evite
que se duerman
A final
de cuentas, el responsable por la dinámica de una junta de
trabajo es quien oficia de moderador, líder u organizador.Para
sacar partido a los errores, el sitio web gestiopolis.com recomienda
convertir todos los yerros automáticamente en ideas. Los problemas
que eternizan las reuniones de trabajo pueden resolverse. En serio.Indique
con precisión la hora y duración prevista de la reunión
-no hay peor cosa que conocer la hora de inicio y desconocer la de
término- e intente centrar el encuentro en los temas específicos
para los que se han reunido. Es fácil caer en la trampa de
la dispersión de temas y, al final, acabarán hablado
de cualquier cosa, menos de lo que estaba previsto.Su responsabilidad
es controlar, dirigir y centrar continuamente la reunión. Emplee
el tacto y la educación para conseguirlo. Evite que algún
participante monopolice la reunión. Agradezca su participación,
pero dé paso a los demás.Sea puntual, tanto en la hora
de inicio como en la de finalización. Los asistentes se lo
agradecerán. Demuestre que sabe controlar el tiempo y no pretenda
que todas las iniciativas surjan en la reunión. Tal vez su
único objetivo es preparar el terreno para que en una segunda
reunión se realicen los aportes, sugerencias e ideas.Para algunos
puede ser difícil dirigir una reunión con 20 personas.
Divida y vencerá. Que hayan demasiados participantes o estén
mal elegidos afecta a la dinámica de la reunión. Trabaje
con grupos reducidos; en la medida de lo posible, entre seis y 10
personas.A manera de recomendación, cualquier intervención
en un meeting debería seguir este esquema; introducción,
desarrollo y conclusión. Muchos se entretienen demasiado en
el desarrollo y no acaban de cerrar o concluir un tema.
Finalmente
está la reunión de decisión,
en la que hay que tratar un problema definido previamente. Habrá
que considerar los puntos a favor y en contra para luego ejecutar
lo que parezca más pertinente. Esta, en ocasiones, puede ser
una reunión no planificada formalmente y sirve para responder
a los imprevistos que surjan en el camino.
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