Pocos discuten
la afirmación acerca de que nacemos y morimos solos. Sin embargo,
entre aquellos magnos eventos debemos convivir, tratar y empatizar
con una gran cantidad de personas. Gústele o no.Poco importa
que sus compañeros de trabajo vean y sientan el mundo diferente
a como lo hace usted. En una organización productiva se deben
dejar de lado criterios personales en función del objetivo
para el cual fue contratado. A pesar de esto, es inevitable que existan
personas impedidas de aclimatarse a ciertos equipos debido a su carácter
o por un rechazo de sus compañeros.Si se encuentra en esta
situación no se desmorone, pues quizás la mayor equivocación
acerca de la soledad es que cada cual va por el mundo creyendo ser
el único que la padece."En primer lugar, el empleado debe
preguntarse si el aislamiento al que está sometido se debe
a su actitud o es una constante que está afectando a otros
integrantes y al funcionamiento del equipo. Si se trata del único
empleado aislado, el único al que no invitan a almorzar, la
pregunta que debería hacerse es: ¿Estoy teniendo actitudes
que a mí me disgusta que otros tengan?", pregunta Alvaro
Larraín, director de Dynamisa Consultores.La duda planteada
por el ejecutivo adquiere mayor validez cuando no vemos razones objetivas
para dicho vacío, es decir, cuando no hay muestras de una actitud
confrontacional o poco interesada. "Por el contrario, si existen
otros empleados aislados, entonces se trata de un problema relacionado
al equipo en sí", acota Larraín.Apartar a uno o
más miembros es un fenómeno que se da de manera organizada
por parte de un grupo. Por lo general, pertenecer a un grupo lleva,
en algunas ocasiones, a aumentar las desconfianzas hacia individuos
externos o recién llegados, a aferrarnos a nuestras pertenencias
y a elaborar códigos de comunicación específicos
para los miembros. Las personas marginadas captan estas desconfianzas
y rechazos de sus habilidades, así como los resultados del
producto. Esto disminuye la confianza y, probablemente, su rendimiento,
con lo que se cumplen las profecías negativas del grupo.Un
equipo, idealmente, debiera ser un sistema en donde cada individuo
se sienta seguro, aceptado y necesitado por los demás, donde
los intereses y las motivaciones de los miembros se conocen y son
compartidos, afirma la sicóloga Carolina Lomuscio.
¿Qué
hacer con el tipo raro?
De acuerdo, el como se peina y viste no le ayudan mucho a integrarse
dentro del equipo. También les puede molestar el uso de extrañas
palabras o acentos, pero, en el trabajo, hay que mostrarse libres
de prejuicios. Es más, entre todos los miembros de un grupo
deben, obligatoriamente, potenciarse unos a otros. En el caso de tener
a un nerd en el equipo, un haragán, alguien con muy poca experiencia
o que presenta mala voluntad para asumir las tareas de equipo, los
esfuerzos deben redoblarse. Para integrarlo a las actividades laborales
siga las recomendaciones de Alvaro Larraín, de Dynamisa Consultores.
Que sea el líder quien lo integre. En todo grupo hay una cabeza
que se impone por sobre los demás debido a su antigüedad,
conocimiento o simpatía. Esta debiera ser la primera persona
en acoger o conversar con un elemento excluido del equipo de trabajo.
No mezclen asuntos profesionales con emocionales. Puede que el tipo
aislado sea un pesado, pero si en su trabajo se muestra profesional
y asertivo, no debiera ser juzgado por sus características
personales. Al César lo que es del César. Nadie le pide
que vayan a disfrutar un trago todos los días al finalizar
la jornada, pero recuerde, son colegas, no miembros de un club o una
familia.
Muéstrese considerado. Es importante tener un trato respetuoso,
reconocer el esfuerzo y apoyar y respaldar el trabajo realizado. Ello
debería bastar para tener un grupo integrado. No obstante,
puede haber integrantes más problemáticos, que requieran
ser reubicados en la empresa en puestos donde no requieran lidiar
constantemente con el equipo.
Reconozca las habilidades particulares. Todos tenemos conocimientos,
experticia y experiencia acumuladas, éstas reflejan diferentes
realidades y estimulan la creatividad y forma de opiniones. Es una
buena oportunidad de aprender de otros y valorar tanto las diferencias
como el consenso.
|
Invítelos
usted
Reaccione
No esperará
quedarse de brazos cruzados mientras su popularidad cae en picada.
Debe ser protagonista en el rumbo que toman los acontecimientos que
le rodean, por lo tanto, asuma un actitud proactiva frente a su equipo
de trabajo y siga estas recomendaciones otorgadas por Carolina Lomuscio,
sicóloga de la Dirección del Trabajo. Autoevaluación.
Siempre que algo está mal con el entorno que nos rodea debemos
analizar, en primer lugar, nuestros actos para identificar posibles
yerros. Es necesario examinar el comportamiento personal para identificar
las razones por las cuales rechaza o es rechazado. Los modos. Quizás
usted es un plomazo consentido de su mamá y nadie aún
se lo ha dicho. Intente comunicar una actitud positiva a través
del lenguaje no verbal, es decir, gestos, posturas o comportamientos.
Mantenga una actitud agradable y amistosa. Tome el toro por las astas.
Si la montaña no va a Mahoma... Genere instancias y experiencias
compartidas con el fin de nutrir la cohesión, recalcando los
aspectos que tiene en común con los otros e idealmente verbalizándolos.
Converse la situación. Si se guarda todo, pues no se quiere
"hacer mala sangre", terminará con un cuadro de estrés
de Padre y Señor Mío. Aprenda a dar y recibir críticas
constructivas. Quizás baste con una simple conversación
para aclarar malos entendidos. Si nada resulta, tome distancia formalmente.
Luego de ingentes esfuerzos por su parte para mejorar la situación
y nada consigue mientras la situación de rechazo persiste,
es posible que el problema tenga que ver con las dinámicas
del grupo en sí, por lo que en esos casos
es una adecuada alternativa pedir un traslado o cambiar de empleo.
La
soledad del ejecutivo
No siempre
se está solo por un rechazo del grupo o, a la inversa, porque
no existen mecanismos de adaptación a un nuevo individuo. Existen
personas a las cuales la soledad es una imposición del cargo.
De acuerdo al Dr. Eduardo Press, consultor organizacional del sitio
web especializado en recursos humanos Ser Humano y Trabajo, son las
altas gerencias quienes están más solas.
Piensan, sienten molestias en el cuerpo, no pueden dormir, los asaltan
temores, tienen que tomar decisiones, se demoran y sufren. ¿Con
quién conversan? ¿De qué forma disminuyen su
ansiedad y su angustia? ¿Cómo se ponen nuevamente creativos?
"La experiencia nos enseña que el número uno, el
que dirige a todos, es el único que no tiene pares, por lo
tanto, es el que más dificultades tiene para sostener una conversación
en confianza. ¿Con quién lo habla? Con nadie. Queda
solo rumiando sus ideas, sin que haya progreso o variación
de las mismas", explica el profesional.
Al carecer de interlocutores el presidente de la empresa o el gerente
general desarrolla un alto grado de aislamiento, de desconfianza,
de bloqueo interno, baja la productividad intelectual y se entorpece
el proceso de toma de decisiones. ¿Qué hacer?
Abra espacios de conversación, situaciones individuales para
los máximos directivos. Por ejemplo, es muy habitual hacer
reuniones para conversar con una frecuencia semanal o quincenal, de
una hora o una hora y cuarto de duración, que pueden hacerse
en su propia oficina, asegurándose que se evitarán interrupciones,
o en otro lugar no "contaminado".
Busque ayuda profesional. ¿Se acuerda de Los Soprano? si hasta
un líder de la mafia, duro como él sólo, necesita
descargar sus sentimientos y perspectivas ante un persona entrenada
para asistirlo, un sicólogo, una terapista o un cura confesor,
con mayor razón usted.
¿Cuáles son los beneficios? En primer lugar, si los
directivos contaran con un profesional para conversar sobre sus inquietudes,
se alejarían los fantasmas del aislamiento y la desconfianza.
Un espacio para la conversación con un profesional permite
compartir las emociones y los sentimientos, generar alivio y poner
en marcha nuevamente los ciclos creativos.
|