EL MERCURIO, OPINIÓN

Trabajo y empleo

 

Martes 27 de enero de 2004

Álvaro Larraín,

Director Dynamisa -consultores de alta dirección

 

Durante años, empleo y trabajo han sido utilizados prácticamente como sinónimos. Sin embargo, la tendencia demuestra que se trata de conceptos muy distintos: mientras la oferta de trabajo se ha incrementado, la de empleo decrece.

El siglo XX impulsó una cultura laboral que prodigaba la responsabilidad social de las empresas entendida como la capacidad para asegurar indefinidamente un empleo. Tener un empleo era equivalente a tener un seguro de vida que se mantenía sin importar habilidades y rendimiento.

En la post Guerra Fría, la competencia entre las empresas se vio facilitada por la disminución de los elementos que la entorpecían y por la incipiente globalización liderada por las comunicaciones y la informática.

La organizaciones entendieron que requerían de una alta eficiencia. De hecho, se acuñó una expresión nueva: capital humano, en el que se entiende que el componente humano de las empresas se maneja como capital, no como recurso. Con estos cambios, asistimos al nacimiento de una nueva cultura laboral marcada por el reemplazo del antiguo concepto de empleo por el nuevo de trabajo.

La empresa de hoy ofrece trabajo en un contexto de libre mercado, tal como funcionan las transacciones en el fútbol: cada deportista consciente de su rendimiento y evaluando las ofertas que recibe del resto de los clubes, decide si abandona su actual equipo o no.

 

Así, la empresa ha dejado de ser un lugar de disputa entre empleado y empleador y empieza a transformarse en un sitio de consenso sobre la eficacia del trabajo que ambos deben desarrollar. Los trabajadores han abandonado su posición de sujetos pasivos y están ofreciendo sus competencias en pos de un mayor rendimiento personal y de la empresa. Y por su parte los empresarios comienzan a ofrecer jornadas más flexibles que permiten mayor movilidad a los trabajadores y estimulan su autonomía.

No existe una fórmula mágica que permita funcionar al actual modelo sin abusos e inequidades. Sin embargo, una herramienta esencial contra esto es la función social que debe desempeñar el Estado a través de sus disposiciones legales. Otro elemento es la responsabilidad social de las empresas, que debe convertirse en un principio ético.

La idea límite de esta nueva fórmula es que el trabajador se prepare para ser eficiente y desarrolle sus capacidades al máximo dentro de la empresa para, en el futuro, convertirse en su propio empresario.