Para
miles de jóvenes es época de decidir su futuro profesional,
para lo cual la guía y apoyo de los padres es clave. Se trata
de una difícil decisión no sólo por el interés
que dicta la vocación, sino también porque la oferta
de casas de estudios superiores es amplia por matricularse. Estas
alternativas académicas obedecen a la consolidación
del sistema de universidades privadas en el país ¿En
qué fijarse para elegir? Las siguientes son algunas de las
consideraciones más relevantes que se deben evaluar:
1-Planilla docente
Lo primero es saber quiénes dictarán las clases: más
que nombres de profesores, interesa conocer su trayectoria académica
y competencias, lo cual incluye su nivel de formación (magíster,
doctorados y especializaciones). Se puede chequear con generaciones
anteriores si los docentes que aparecen en el listado hacen efectivamente
las clases, y de lo contrario, dilucidar quiénes las dictan.
Junto a ello estar al tanto sobre qué posibilidad tienen los
alumnos de encontrarse con sus profesores fuera de la sala: si tienen
jornada completa o parcial y cuál es su disponibilidad horaria.
“Un joven de 18 años necesita docentes en el sentido
profundo de la palabra, no meramente instructores” afirma Pilar
Armanet, jefa de la División de Educación Superior del
Ministerio de Educación (Mineduc).
“Es un hecho que en el mercado laboral lo que mayor
incidencia tiene en la imagen de un plantel es la fama que se van
ganando sus egresados, lo que va necesariamente de la mano con el
trabajo académico que cada facultad o institución esté
realizando y que se refleja en la opinión del mundo docente”,
señala Álvaro Larraín, director de Dynamisa-
consultores de alta dirección.
2-Infraestructura
Otro factor omnipresente es la infraestructura ya que indica compromiso
y solidez. ¿Cómo se ve esto? Realizando un cálculo
de los metros cuadrados dividido por alumnos, que permita establecer
la densidad y cómo está distribuida en la entidad en
la cual se optará.
También es fundamental poner acento, en el caso de aquellas
carreras que necesiten laboratorios, si realmente los tienen, si poseen
biblioteca y los años o la actualización de sus libros,
si hay computadores y si éstos tienen acceso a Internet.
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3-Información
“Creo que para que cualquier mercado funcione adecuadamente
se debe tener acceso a la información. Las personas toman decisiones
sobre la base de los datos que poseen”, afirma Eduardo Jara
Amigo, socio de Panel consultores S.A.
Por lo tanto la recomendación es no solamente prestar atención
a lo que se ve, escucha o lee en la publicidad de cada institución.
En el mejor de los casos debe ser vista como una “invitación”
a conocerla, pero consultar directamente algunas características.
Por ejemplo, qué ha pasado con la mayoría de los egresados,
qué convenios para financiamiento o perfeccionamiento se tienen,
entre otros.
4-Marca
Al igual que la información, una marca fuerte asegura calidad
frente a los que ven al alumno desde fuera. “Es señal
de que la universidad ha hecho bien su trabajo”, señala
Andrés Montero, director de Intertrust, que realiza asesorías
corporativas. Pero a veces se aplica el refrán “ dormirse
en los laureles”, ya que la excelencia no se alcanza solamente
por sumar años de funcionamiento. Está más relacionada
con la rigurosidad, prestigio y el aporte que se está entregando
para lograr una mejor educación. En otras palabras, construir
marca es un trabajo constante cuyo pilar es el mejoramiento de los
profesores, las técnicas en la enseñanza y cómo
éstas se entregan a los alumnos.
5-Prestigio de los alumnos
El alma de una universidad son sus alumnos. Poco a poco las universidades
privadas también están en la línea de llevar
a cabo procesos de selección exigentes y metódicos.
Así los alumnos contribuyen a enriquecer las clases y generar
una dinámica de mayor exigencia académica, algo deseable
para quienes aceptan el desafío de seguir una carrera seriamente.
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