LA SEGUNDA, OPINIÓN

Números azules para 2003

26 de diciembre de 2003
Larraín G.
Dynamisa Consultores Alta Dirección

Que este año marcará el quiebre definitivo del ciclo iniciado en octubre de 1998 cuando se instaló en el país y en todo el mundo la crisis asiática, nadie lo duda.

El nuevo año fue precedido auspiciosamente por la firma del TLC con la Unión Europea en noviembre de 2002. Sin embargo, el comienzo de 2003 dio paso a un verano agitado por las denuncias de sobresueldos en el MOP y por el estallido del llamado caso Inverlink.

En medio de la batahola pudo constatarse, no obstante, el inicio de una suerte de consenso duradero entre sector público y privado respecto de las grandes prioridades que deben conducir a la actual administración durante el tiempo que le resta hasta 2006. Este consenso traducido en disposiciones legales, algunas elaboradas otras en curso, se resume en tres puntos: la Agenda Pro Crecimiento, la modernización del Estado y las nuevas regulaciones al mercado de capitales.

Durante el primer semestre nos empapamos con una positiva y generalizada percepción sobre el manejo de la política fiscal del Banco Central que no obstante el cambio en su cúspide, ha mantenido una elogiada labor en materias de inflación y tasas de interés.

En este contexto de por sí estimulante llega la buena noticia del alza del precio del cobre en los mercados internacionales como resultado de la reactivación de las grandes economías: un excelente tercer trimestre en Estados Unidos, Japón que comienza a salir de su ya dilatada recesión y la Unión Europea que, aunque con titubeos, termina por unirse al grupo de países y regiones más dinámicas, Asia en particular.

Los primeros seis meses del año tuvieron su broche de oro en junio cuando se concretó la firma del TLC con Estados Unidos: el mercado chileno conseguía al fin abrir las puertas de la economía más grande del mundo con 225 millones de habitantes que superan en 8 veces el ingreso per cápita chileno.

Entre los hechos internacionales, es obligada la incertidumbre que originó la llegada a la presidencia de Luiz Inácio "Lula" en Brasil y de Néstor Kirchner en Argentina, la que comenzó a disiparse rápidamente debido al buen manejo de ambos presidentes, sobre todo el de Brasil, de las grandes cuestiones políticas, sociales y económicas de sus respectivos países.

De cara al segundo semestre, Chile se ubica en el puesto 28 en el ranking que elabora el Foro Económico Mundial basado en el índice de competitividad para el crecimiento y aunque bajó cuatro lugares respecto del año anterior, continúa siendo el mejor evaluado de América Latina.

Si de indicadores auspiciosos se trata, la baja histórica del riesgo país ha ubicado a Chile como el país latinoamericano que mayor confianza merece para los inversionistas extranjeros. El precio del cobre también ha sido actor importante, además de haber acelerado la baja del dólar, ha impulsado el crecimiento de la actividad económica reflejada en el Imacec y ha motivado auspiciosas proyecciones para 2004.

Conviene mirar ahora el reverso de la medalla de 2003 que afortunadamente no logra opacar el brillo del anverso.

El desempleo no se ha reducido al nivel que mantenía antes de octubre 1998 y todavía sobrepasa el 10% en muchas regiones del país. Una normativa apuntando a una mayor flexibilidad laboral que debiera favorecer justamente el empleo, se hace esperar debido a que la discusión se ha visto sucesivamente entrampada en el Congreso.

Por otro lado, por muy razonables que parezcan los argumentos a favor del alza de impuestos en este caso el IVA debido a la firma de los tratados no constituye una señal alentadora. Por el contrario, se transforma en una medida confusa: al mismo tiempo que se bajan los aranceles para fomentar el intercambio con el extranjero, se elevan los impuestos directos a los consumidores.

Otro factor de incertidumbre, esta vez en el campo internacional, es la cruenta posguerra en Irak. Igualmente, la situación en Medio Oriente no es menos tranquilizadora.
Nuestra región todavía se presenta frágil política y económicamente y ante los ojos de los más escépticos, nada asegura que la relativa estabilidad de estos días sea la misma de los próximos 12 meses.

Entre los desafíos de Chile para 2004 no sólo está el mantener los números en azul, sino que también debemos enfrentar un proyecto importante y postergado en innumerables ocasiones dar finalmente con una estrategia País que implique recursos y trabajo asignados a sectores como educación, salud e investigación y desarrollo, dándole además un menor peso al Estado y una mayor flexibilidad al área laboral.

De cara al bicentenario y de hacer bien las cosas, es muy probable que en 2010 nos encontremos tal como lo merecemos, bregando en la arena del Primer Mundo.