Que
este año marcará el quiebre definitivo del ciclo iniciado
en octubre de 1998 cuando se instaló en el país y en
todo el mundo la crisis asiática, nadie lo duda.
El
nuevo año fue precedido auspiciosamente por la firma del TLC
con la Unión Europea en noviembre de 2002. Sin embargo, el
comienzo de 2003 dio paso a un verano agitado por las denuncias de
sobresueldos en el MOP y por el estallido del llamado caso Inverlink.
En
medio de la batahola pudo constatarse, no obstante, el inicio de una
suerte de consenso duradero entre sector público y privado
respecto de las grandes prioridades que deben conducir a la actual
administración durante el tiempo que le resta hasta 2006. Este
consenso traducido en disposiciones legales, algunas elaboradas otras
en curso, se resume en tres puntos: la Agenda Pro Crecimiento, la
modernización del Estado y las nuevas regulaciones al mercado
de capitales.
Durante
el primer semestre nos empapamos con una positiva y generalizada percepción
sobre el manejo de la política fiscal del Banco Central que
no obstante el cambio en su cúspide, ha mantenido una elogiada
labor en materias de inflación y tasas de interés.
En
este contexto de por sí estimulante llega la buena noticia
del alza del precio del cobre en los mercados internacionales como
resultado de la reactivación de las grandes economías:
un excelente tercer trimestre en Estados Unidos, Japón que
comienza a salir de su ya dilatada recesión y la Unión
Europea que, aunque con titubeos, termina por unirse al grupo de países
y regiones más dinámicas, Asia en particular.
Los
primeros seis meses del año tuvieron su broche de oro en junio
cuando se concretó la firma del TLC con Estados Unidos: el
mercado chileno conseguía al fin abrir las puertas de la economía
más grande del mundo con 225 millones de habitantes que superan
en 8 veces el ingreso per cápita chileno.
Entre
los hechos internacionales, es obligada la incertidumbre que originó
la llegada a la presidencia de Luiz Inácio "Lula"
en Brasil y de Néstor Kirchner en Argentina, la que comenzó
a disiparse rápidamente debido al buen manejo de ambos presidentes,
sobre todo el de Brasil, de las grandes cuestiones políticas,
sociales y económicas de sus respectivos países.
De
cara al segundo semestre, Chile se ubica en el puesto 28 en el ranking
que elabora el Foro Económico Mundial basado en el índice
de competitividad para el crecimiento y aunque bajó cuatro
lugares respecto del año anterior, continúa siendo el
mejor evaluado de América Latina.