EL MERCURIO, OPINION

Desafíos de cara al TLC

14 de Octubre de 2003

Álvaro Larraín, Dynamisa Consultores

Las enormes oportunidades que nos ofrecen los tratados de libre comercio podrían verse disminuidas si no estamos conscientes de las fortalezas y los progresos que deben desarrollar nuestros ejecutivos.

Estos progresos apuntan a corregir una cierta informalidad en las relaciones profesionales, a combatir la planificación a veces precaria de objetivos y a terminar con el seguimiento poco riguroso de los progresos o retrasos de los proyectos. Los ejecutivos chilenos afortunadamente no caemos en pecados capitales. Los nuestros son más bien provincianos.

En primer término, estamos obligados a tener siempre presente una visión estratégica que apunte a identificar con precisión las prioridades de la empresa. Ello nos asegura estar siempre preocupados de lo que hace avanzar nuestros objetivos y a no consumir energías en temas que nos alejan de éstos.

A los ejecutivos chilenos nos gusta poco sentirnos obligados a tomar decisiones. Sin embargo, el rol de un dirigente es decidir en forma continua. Los altos ejecutivos son los encargados de echar a andar métodos de trabajo que eviten el continuo aplazamiento de las decisiones. Tampoco debe olvidarse que una decisión no tomada a tiempo es tan perniciosa como una mala decisión. Y al menos la mala decisión se puede corregir casi siempre si se actúa con rapidez.

 

Hablar inglés también nos hace falta. No el inglés de Shakespeare ni el acento de Oxford. Un inglés simplemente comprensible.

Nos gusta viajar como turistas y estar cerca de la familia. Esta vez, tenemos que aprender a viajar por negocios sin olvidar nuestras familias. Otra herramienta importante es la repartición de las tareas en equipo que busquen cultivar relaciones transparentes, objetivas y profesionales evitando que la empresa funcione en base a compadrazgos. Las relaciones cargadas de afectividad no están de más, siempre que la cultura favorezca las relaciones objetivas. La empresa es más bien racionalidad que afectividad. La afectividad será consecuencia de la efectividad.

De los ejecutivos chilenos depende que las empresas nacionales lleguen a ser competitivas en el país y en el extranjero en este nuevo contexto. Estaremos compitiendo con las mejores empresas de los países desarrollados. Y estas empresas son los ejecutivos que las dirigen.

También tenemos ventajas: poseemos sólida formación académica, nos entregamos con fuerza al trabajo en la empresa y practicamos en casi todas partes una cultura de ética en los negocios